¿Por qué mas empresas tienen a sus empleados meditando?

 

Las bondades de la meditación son muchas.

Meditar puede hacer que nuestro sistema inmune se fortalezca, nos permite aumentar el tiempo de atención y nos ayuda a tener mejor enfoque en lo que hacemos.

Compañías como Google, Apple, AOL y General Mills, ofrecen clases y charlas sobre meditación, y ya algunas de sus oficinas principales cuentan con salones y grupos de meditación a horarios determinados.

¿Por qué? Pues porque está comprobado que meditar reduce el estrés, ayuda al organismo a eliminar impurezas, y mejora nuestras funciones cerebrales.

Quienes recuerdan a Steve Jobs, el fundador de Apple, recordarán que Jobs era un gran meditador y aseguraba que meditar le ayudaba a: Enfocarse y poder crear productos únicos; dirigir, motivar y retar a sus colegas y a su equipo de trabajo.

En un artículo de la revista Business Insider se mencionaba a varios conocidos presidentes y directores ejecutivos de prestigiosas compañías que han hecho la meditación parte de su vida. El billonario Ray Dalio, fundador y presidente de la compañía de inversión Bridge Waters, Bill George, director de Medtronic, la principal compañía de tecnología médica en el mundo y Oprah Winfrey son solo algunos de los mencionados.

 

En posiciones laborales que requieren alta eficiencia, la meditación nos ayuda a navegar exitosamente a través de los trabajos de último minuto, a percibir nuevas tendencias y a adentrarnos en nuevos proyectos y retos, libres de estrés y con mucho mejor enfoque.

Toda compañía competitiva y todo ejecutivo o empresario exitoso debe orientarse y entender la valiosa herramienta que representa la meditación, no solo por el aspecto de mayor productividad, sino también por su efecto en los costos de salud.

Dentro de la arena empresarial y la cultura corporativa, meditar es una herramienta y una necesidad, si es que se pretende tener una carrera profesional exitosa.

Contrario a lo que muchos piensan, meditar no es sentarse veinte minutos a no hacer nada. Esos veinte minutos pueden establecer una gran diferencia entre cómo respondes a las demandas del día y cuán eficiente puedes ser en el desempeño de tus funciones.

 

 

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