Tener un Maestro es algo de valor incalculable. ¿Podrían nuestros hijos
educarse a sí mismos? ¿Podríamos vivir el día a día sin recurrir al
conocimiento de aquellos que son conocedores de otras materias necesarias
para proseguir nuestro camino y progresar?
Probablemente nos extraviaríamos, perderíamos mucho tiempo y nos tomaría
años llegar a discernir cosas elementales que por alguna razón no vemos.
Tener un Maestro o guía, tiene un valor incalculable, especialmente en asuntos
tan profundos como lo es la intangible naturaleza espiritual. Si bien es cierto
que TODOS en alguna u otra forma somos maestros y alumnos, no todo el
que dice ser un Maestro lo es. La moda o tendencia que comenzó en los años
‘60 como parte de un movimiento de protesta, trajo consigo mucho
oportunista y “maestros improvisados”.
Al momento de decidir buscar un Maestro es importante discernir y acercarse
con calma a quien identifiques como un posible Maestro o Guía espiritual.
Procura que el deseo de encontrarlo no te lleve a caer preso de aquellos que
hacen de esta necesidad nuestra un imperio o un culto a su ego.
Un viejo adagio dice que cuando el discípulo está preparado el maestro
aparece. Pero cuidado… tal parece que la mediática, contrario a facilitarnos la
búsqueda, nos ha traído una inmensa gama de predicadores, sanadores, y
gurús con maravillosas técnicas de ascensión que han sido de mala
experiencia para algunos. Al allegarte a un Maestro no te dejes llevar por las
tendencias. No todo lo que brilla es oro, ni todo lo que se chupa es paleta. El
hecho de que un Maestro sea yogui o que se haya educado en la India no lo
hace mejor que otro. Ve con cuidado.
Al acercarte a un Maestro recuerda que en un mundo de ciegos el tuerto es
rey. Quiere esto decir que todo Maestro, aun cuando tenga años de estudio y
perseverancia en los caminos espirituales, seguirá siendo un humano y un
alumno en proceso. Un verdadero Maestro o Guía espiritual seguirá
buscando, aprendiendo, investigando y profundizando en los misterios de la
vida para poder impartir conocimiento.

No podemos pretender que exista infalibilidad en estos, pero es importante
que al acercarte a tu posible Guía espiritual percibas, sientas y observes si es
natural, espontáneo, compasivo, inspirador, genuino y sin egoísmo. Como
regla general nadie se hace un maestro o guía espiritual de la noche a la
mañana. Un buen maestro espiritual ha invertido años en su preparación, y
allanará el camino para ayudarte a alcanzar paz interior, sanación y
autoconocimiento. Probablemente te pondrá a prueba, te retará y te
confrontará con amor, ya que tiene la capacidad de ver las distintas facetas de
la vida como herramientas espirituales y al estudiante como un todo.
Un buen Maestro o Guía espiritual debe motivarte e inspirarte, pero nunca
obligarte. El maestro te enseñará un camino que ya ha probado, pero eres tu
quien decide si lo sigues o no. Recuerda que el rol del Maestro es guiarte, no
que lo reverencies, ni que le adores. Un Maestro es un humano como tú, que
tiene vida social y que podrá ser un gran meditador, pacifista, sanador, un
alma vieja y desprendida pero, que al igual que tú, también está en su proceso
de evolución.
Cuando tu Maestro llegue a tu vida, acércate con amor, pon el ego y el juicio a
un lado, acepta el reto de crecer espiritualmente y déjate guiar y ten presente:
“que el mayor de los Maestros habita muy dentro de ti”.

Por: Wilfredo Robles