A través de los años de mi práctica meditativa he tenido la oportunidad de estudiar, enseñar, compartir y experimentar la meditación de muchas maneras.
Aun cuando cada “sentada” es diferente, pues el ahora siempre es distinto, la experiencia meditativa es una enorme, expansiva y diferente que puede ser analizada, experimentada y sentida desde diferentes perspectivas.
Lo primero que viene a mi mente en este momento cuando pienso en meditar es que la meditación es una expresión de amor e interés por ti. Permíteme explicarme a través de unas preguntas ¿Cuánto tiempo inviertes en ti, en conocerte, en sentirte, en estar a solas contigo, con tus pensamientos, emociones y sentimientos? Si amar a alguien es dedicarle tiempo para conocer esas intimidades de él o ella… ¿Cuánto te amas? ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste contigo mismo?
Cuando meditas estás expresando amor, cuidado e interés por ti. Además de los ya conocidos beneficios a la salud que se experimentan a través de esta simple pero compleja práctica, como lo es la reducción del estrés, el fortalecimiento de nuestro sistema inmune y la regeneración cerebral, meditar nos da la oportunidad de conocernos de una forma íntima y especial, haciéndonos capaces de entender el porqué de nuestras acciones y de porqué pensamos como pensamos.
Tal ves el hecho de que nuestros primeros pasos en la práctica meditativa requieran que aprendamos a centrar nuestra atención para que la mente no divague y que podamos experimentar paz mental ha hecho que muchas personas mal interpreten la experiencia y la práctica meditativa pensando que se trata de no pensar y de poner la mente en blanco, cosa que no es del todo cierto.
La meditación no requiere esfuerzo. Podemos decir que es una habilidad o destreza que nos permite disfrutar del arte de no hacer nada. Cuando meditamos no hacemos nada, nos sentamos, y simplemente estamos quietos, respirando, siendo, sintiendo, pero esto no es tan fácil como parece. Para un principiante el estar algunos minutos en silencio, solo siendo presente del ahora, sin darse el lujo de divagar hacia el futuro y lo que debe hacer después o irse al pasado a cuestionarse el porqué de las cosas, no es tarea fácil. Nos hemos acostumbrado a que nuestra mente esté en todos lados. Pero no en el presente. Pasamos mucho tiempo mirando afuera, indagando cuestionando, pensando, planeando y programando lo que haremos, lo que diremos y lo que quisiéramos y nunca tomamos tiempo para darle un respiro a ese computador llamado cerebro y cerrar algunas de las múltiples pestanas del “programa” llamado mente.
No es hasta que nos sentamos a meditar que nos percatamos de lo deficiente que es nuestro nivel de atención, pues hasta los más experimentados meditadores, se nos escapa la mente del momento de atención plena, que nos permite experimentar la paz que llevamos dentro.

Sentarse a “no hacer nada” debería ser la tarea más fácil del mundo, pero no lo es. Es por eso por lo que la meditación puede verse como un método.
Un método para aprender a disfrutar del momento presente, un método para aprender a enfocarnos mejor y ser mas productivos y aportar la paz y la claridad que llevamos dentro a nuestra vida y espacios de trabajo. Esa es la principal razón para que empresas como Apple, Google y Yahoo invierten cientos de miles de dólares en programas de meditación para sus empleados y ejecutivos. La conexión constante vía teléfonos, computadores, tabletas y todo tipo de plataforma o red social con el mundo exterior nos abarrota de forma tal que perdemos la conexión con nuestro más importante activo. Nosotros mismos. De ahí que la meditación como método para alivianar la fatiga mental producto del sobre- estímulo mental, típico de nuestro tiempo esté cobrando notoriedad.
La meditación es un camino. Un camino que nos lleva a sondear la profundidad y la dimensión del Yo desde una perspectiva más clara y libre de interpretaciones mentales, dando lugar al desarrollo de la intuición. No es de extrañar que las grandes mentes y personalidades de este siglo como Bill Gates, Steve Jobs y Oprah Windfrey le hayan atribuido parte de su éxito a la intuición y que sean meditadores.

Sea cual sea el acercamiento a la meditación… Amor propio, habilidad o destreza, un método o un camino, esta práctica TAN SIMPLE COMO COMPLEJA nos ha acompañado a través de la historia permitiendo a quienes la practican un sinfín de beneficios capaces de transformar áreas de nuestra vida que de otra manera permanecerían ignoradas, desatendidas, y posiblemente reprimidas.