Servicio, humildad, autenticidad.

El éxito es relativo. La idea del éxito no es igual para todos. Este siempre será un camaleónico y siempre cambiante concepto. En el pasado, el éxito podía verse como el logro en la adquisición de elementos materiales o una buena posición corporativa. Hoy sabemos que tal cosa no es cierta y que tener dinero y buen puesto no es sinónimo de felicidad. Probablemente conoces de personas muy afluentes y bien posicionadas que se han sentido vacías, perdidas y sin saber qué hacer.  Eso no es vivir de forma exitosa. Una vida exitosa, sea lo que sea que signifique el éxito para ti, estará atada de alguna manera a algún o algunos principios espirituales.  Vivir una vida espiritual y de conexión con la fuente de donde surgen las ideas, te permite crear y sostener un puente entre el negocio, los márgenes de ganancias, los nuevos productos y la paz, la templanza y la seguridad de conocer que desde la perspectiva espiritual, todo es posible. Una vez tendido ese puente, trabajar todos los días puede hacerse de forma más feliz, más productiva y exitosa.

Los principios espirituales nos sirven como herramientas para tomar decisiones, resolver problemas de forma eficaz, construir relaciones genuinas, ser más productivos y prósperos, ser más creativos, experimentar menos estrés, divertirse más y lograr balance entre el trabajo y vida.

 

El integrar prácticas cortas de silencio, la meditación y la oración, hace del día de trabajo uno más llevadero. Estas prácticas hacen que te embargue una sensación general de bienestar. Aun cuando educarse y trabajar duro son elementos indispensables para lograr el éxito en la vida, ser guiado es otra cosa. Ser guiado para operar de forma asertiva, saber ese ¿cómo y cuándo? y tener gozo, paz y alegría en el alma, es una combinación ganadora. Una vida espiritual y una mente dirigida y enfocada en el éxito es la simbiosis perfecta que puedes experimentar si integras los siguientes 7 pasos que te comparto.

1.      Aprende a disfrutar del silencio. Estudios confirman que dos minutos de silencio pueden reducir la tensión física y mental mucho más que escuchar música por el mismo periodo de tiempo. En el silencio la mente está libre del sobre estímulo causado por los aparatos tecnológicos, las llamadas, textos, correos, familia, amigos, empleados y compañeros de trabajo, permitiéndote tener paz para tomar sabias decisiones.

2.      Medita. Esta milenaria práctica, además de sus ya conocidos beneficios generales, te permite conocerte, ver el mundo desde otra perspectiva y entrar en conexión con Dios, tus guías, maestros ascendidos o con aquello que pertenezca al plano de tu filosofía y/o camino espiritual.  Un sabio dijo… “Orar es hablarle a Dios. Meditar es escucharle”.

3.      Confía en tu intuición. La intuición siempre ha estado presente. Tu intuición siempre te trae información de primera mano. Probablemente ya has pasado por la experiencia de cometer el error y sentir esa vocecita interior decirte… ¡Te lo dije! Préstale atención a esa corazonada, pues está tratando de decirte lo que tu mente todavía no sabe.  4.      No juzgues. No personalices los problemas. Muchas veces el problema no es una persona, sino las situaciones por las que está pasando la persona. Otras veces exigimos de algunas personas cosas que requieren de ciertas habilidades o conocimientos que estos carecen. En este caso, no es la persona, sino la carencia del conocimiento o la habilidad. Otras veces juzgamos y condenamos precisamente cosas que hemos hecho o que hacemos y no queremos verlas, pero que resultan más fácil verlas en los demás. Ponernos en los zapatos del otro y tratar de entender el porqué de sus acciones y sus respuestas, nos permite reconocer el porqué de muchas cosas sin la necesidad de establecer juicios que contrario a unir y solucionar el problema, nos alejan más de la persona y la solución.

 

5.      Suelta y deja ir. Siempre habrá cosas en la vida que no podrás controlar. De hecho, no sabes lo que pueda pasar en las horas siguientes, todo lo que tienes son expectativas, por lo tanto… nada está bajo control. Recuerda esto. Si gran parte de tu energía la malgastas tratando de controlarlo todo y preocupándote, no tendrás mucha energía para ocuparte.  Existe un viejo adagio que dice: “Si tiene solución, ¿para qué te preocupas? Y si no la tiene, pues, ¿por qué te preocupas?” Suelta y deja ir.

 

6.      Agradece. Siempre habrá algo que agradecer. Agradecer hace que podamos cambiar el enfoque de lo negativo hacia lo positivo dándonos la capacidad de ver las soluciones y no los “problemas”. Agradecer cambia la frecuencia vibracional que emitimos haciendo que estemos más calmados, felices y con buen ánimo para hacer frente a las demandas del día. Aun en la adversidad, siempre habrá algo por lo cual estar agradecido. Muchas veces el aprendizaje obtenido en momentos y situaciones difíciles es la catapulta al éxito.  Comienza el día reconociendo tus bendiciones, siempre habrá alguien que no las tiene, y mira con detenimiento los momentos de dificultad que puedas estar atravesando y verás muchas razones para agradecer.

 

7.      Las leyes del Universo operan de forma distinta. Contrario a las matemáticas, cuando das, siempre tienes. Existe una correlación entre dar y recibir, pues el acto de dar pone en acción el principio y la ley de justa compensación. Lo que siembras, cosechas, y al que dé, se le dará. Es un misterio, pero así funciona.  Es como si el Universo te quisiera seguir bendiciendo para que tu puedas seguir dando y bendiciendo a otros.  Dar implica confiar en que un poder supremo nos cuida y nos bendice y nos usa para bendecir a otros a través nuestro. Puedes dar tiempo, servicio, dinero, sea cual sea la bendición que puedas aportar, esta será recompensada, es un hecho.   El éxito y la espiritualidad pueden ir tomadas de la mano. Procura que tu posición o situación económica sea de bendición a otros y por otro lado procura que tu camino a esa vida de balance y éxito que mereces esté cimentada en prácticas espirituales. Una vida espiritual y una mente dirigida y enfocada en el éxito, es la simbiosis perfecta.

Por: Wilfredo Robles.